Opinión: Lo bueno, lo malo y lo feo de la Comisión Bravo; hoy, lo malo

"En un sistema de pensiones que debería ser diseñado para operar con cero riesgo de no pago, ya que se trata de un tema sensible como son las pensiones, que por definición la propia Comisión señala que “debe garantizar los medios suficientes para la vejez”, nuestro ingenio nos llevó a hacernos trampa en solitario, apostando en el casino, cayendo en la trampa de los retornos esperados. Y el problema es que parece que creemos en la magia. Y aquí un error conceptual: se utilizó un retorno esperado de 4% anual para hacer las proyecciones de fondo acumulado, tasa de reemplazo, entre otros".

  • viernes, 25 de septiembre de 2015 00:00    
        
        

En columna publicada el 23 de septiembre hablamos de lo bueno del informe de la Comisión Bravo. Ahora lo malo. Como esta es una columna de opinión breve, los puntos comentados se tratan en extenso en mi libro La Magia del Sistema de Pensiones (disponible copia digital gratuita llamando al 226110440).

La radiografía que muestra los valiosos antecedentes recopilados por la Comisión Bravo no se traducen en un diagnóstico certero del problema, entendido este como un análisis de las causas más bien que de los síntomas. Así, la Comisión no advierte algo que debería decirse sin eufemismos en la primera página: que el mercado de capitales (y el sistema de pensiones) no puede solucionar un problema esencialmente demográfico. No le pidamos peras al olmo. Las cifras no dan. El sistema de pensiones es un complemento a recursos adicionales que se deben prever para la jubilación. Así de claro.

En vez de aprovechar la oportunidad para sincerar las cifras frente a un sistema que sufre de falta de legitimidad y que es la 4° institución en la que menos confía la gente (página 77 del informe), la Comisión le asigna al sistema atributos que no tiene, posicionándolo como “un elemento clave para afrontar la nueva realidad demográfica”, contribuyendo a generar expectativas que la ciudadanía traduce como promesas. Promesas que tarde o temprano pasarán la cuenta. Es de destacar que, según la Comisión, su propuesta A “permitirá mantener sus promesas en materia de pensiones” (página 96 del informe). Arriesgada afirmación.

Entonces, en un sistema de pensiones que debería ser diseñado para operar con cero riesgo de no pago, ya que se trata de un tema sensible como son las pensiones, que por definición la propia Comisión señala que “debe garantizar los medios suficientes para la vejez”, nuestro ingenio nos llevó a hacernos trampa en solitario, apostando en el casino, cayendo en la trampa de los retornos esperados. Y el problema es que parece que creemos en la magia. Y aquí un error conceptual: se utilizó un retorno esperado de 4% anual para hacer las proyecciones de fondo acumulado, tasa de reemplazo, entre otros.

Lo conceptualmente correcto y coherente con el objetivo de “asegurar beneficios a las futuras generaciones” (página 45 del informe) es proyectar flujos usando una tasa libre de riesgo y no la tasa esperada. Es la única forma; “platita poca pero segura”, como diría alguien. Utilizar el retorno promedio no es contar el cuento completo, porque el peor escenario es terminar con pérdidas, y eso es contradictorio con asegurar beneficios. Insisto en el punto, se contribuye a generar expectativas; y los tiempos no están para jugar con la ciudadanía. Y aquí una conclusión: los ajustes reales necesarios por hacer en distintos parámetros (aumento del porcentaje de cotización, aumento en la edad de jubilación, etc.) son aún más fuertes que las recomendaciones del informe de la Comisión (que usó retorno esperado).

En el libro La Magia del Sistema de Pensiones planteo que, en un escenario de cero riesgo, la única forma en que el sistema logre pensiones equivalentes a un 70% del sueldo promedio de los últimos años, es postergar en por lo menos 5 años la edad de jubilación y, como mínimo, duplicar el porcentaje de descuento actual. Ambas en paralelo, y sin lagunas previsionales. Después de 34 años de establecido el sistema, es prudente que empecemos a sincerar las cifras.

La trampa del retorno esperado lleva a la trampa del plazo de inversión. Se cree que en plazos largos, la inversión en los Multifondos más cargados a acciones (A y B, por ejemplo) tiende a mostrar mayores retornos que la inversión en renta fija; se cree que el mayor plazo tiende a recuperar las pérdidas que pueden sufrir en el tiempo. Así, la Comisión no consideró que a mayor plazo, el retorno esperado aumenta, pero también la variabilidad del fondo acumulado, que el mayor retorno es en promedio y no para todos los casos (no hay dominancia) y, por lo tanto, existe al menos un escenario (y alguna probabilidad) en que la renta fija le gana a las acciones, lo que da cuenta de que existe el riesgo. ¿Aun así se insiste en mantener fondos con riesgo, eliminando solo el Multifondo A?

La trampa del retorno esperado también lleva a creer que un Multifondo puede ser mejor que otro. En el libro La Magia del Sistema de Pensiones se expone claramente que la evidencia que ha dejado la experiencia de más de 30 años es que ninguna AFP es mejor que el promedio del sistema, ningún Multifondo es mejor que otro (corregido por riesgo) y, también, ningún Multifondo es mejor que una estrategia simple que siga a un índice accionario.

Cuando se trata de diseñar un sistema de pensiones, su estructura debe operar en un ambiente seguro, libre de riesgo de no pago y debe asumir necesariamente condiciones de equilibrio y eficiencia de mercados. Este concepto de equilibrio se echó de menos en el informe. Permitir riesgos en las inversiones con el fin de lograr más rentabilidad es un juego que, por diseño del modelo, no entrega alternativas mejores que otras, pero se entra en la dimensión desconocida de la probabilidad de perder. Con un concepto claro de equilibrio y eficiencia de mercado, no deberíamos encontrarnos con frases como la que aparece en la página 71 del informe, donde en relación con la rentabilidad bruta de 8,6% entre 1981-2013, la comisión plantea que “es difícil determinar hasta qué punto el desempeño obedece a una buena gestión de las AFP o a un buen desempeño global del mercado, o a una cautelosa regulación”. La respuesta debería ser obvia.

Continuará…

Iván Rojas B.

Fuente: El Mostrador