La generosidad de Nueva York

El riesgo más grande que corre una persona desempleada es caer en una depresión, como resultado de no tener “un lugar donde ir”, y quedarse el día entero en la casa, sin ducharse, viendo televisión, o explorando tonteras con Google, mientras espera lo llamen a la próxima entrevista.


  • jueves, 20 de diciembre de 2018 13:57    
        
        

La gente que no conoce Nueva York piensan que es una ciudad hostil, agresiva, y violenta, donde la gente corre en forma frenética de un lado a otro, y no tiene tiempo de ni siquiera sonreír.

Basta una observación casual de como los neoyorquinos toman el metro, para darse cuenta que esta opinión es equivocada. La gente espera ordenadamente a los costados de las puertas que los pasajeros bajen, y solo entonces ingresan al carro. Este ritual se respeta con rigurosidad aun en las horas punta. Pero el neoyorquino no solo es civilizado, es además generoso.

El riesgo más grande que corre una persona desempleada es caer en una depresión, como resultado de no tener “un lugar donde ir”, y quedarse el día entero en la casa, sin ducharse, viendo televisión, o explorando tonteras con Google, mientras espera lo llamen a la próxima entrevista.

Wall Street solucionó este problema: una práctica habitual (que no he visto en ninguna otra industria) es invitar a almorzar al desempleado. Esto lo obliga a levantarse y a tener algo que hacer. Quince conocidos (no necesariamente amigos) pueden transformar un mes solitario en un periodo de transición sin mayores dramas. (He vivido esta experiencia desde ambos extremos.)

Una segunda costumbre, es que las peluquerías normalmente ofrecen cortes de pelos sin costo a aquellas personas que tienen a una entrevista laboral y están sin trabajo.

Un tercer ejemplo lo constituyen las lavanderías. El anuncio en la ventana es frecuente: si necesita ir bien presentado a una entrevista para un trabajo, la limpieza es gratis. La semana pasada mientras llevaba mis camisas a Great Expectations (la lavandería de mi barrio) llegó un señor a pedir si le podían limpiar su terno.

“Por supuesto,” le respondió la señora Chang. ¿Y agregó, “para cuando lo necesita?” (En Chile le habrían pedido el RUT, una declaración jurada de que estaba desempleado, una fotocopia legalizada del último finiquito, y posiblemente mostrar la carta en que lo citaban a una entrevista).

Uno no es nada, dos es coincidencia, y tres es tendencia (según me explicó una amiga periodista). De manera que agregaré un cuarto ejemplo para establecer total veracidad.

Para mucha gente que trabaja en el sector financiero, un terminal Bloomberg es una herramienta vital de trabajo. Para una persona desempleada, perder su trabajo, también puede significar perder el acceso a esta valiosa fuente de información, lo que sin duda hace más difícil su reinserción laboral. Pues bien: Bloomberg ofrece acceso libre de costo a sus servicios informáticos a aquellas personas que están “en situación de transición.”

Los casos citados muestran otra faceta muy positiva de los estadounidenses: el privilegiar lo práctico. No es casualidad que el pragmatismo haya privilegiado el conocimiento práctico y la acción, y mirado con recelos las elucubraciones y especulaciones que buscan verdades metafísicas absolutas e inmutables.

La persona sin trabajo necesita que lo ayuden a encontrar trabajo. Y el ir bien presentado a una entrevista aumenta la probabilidad de éxito. Así de simple. En síntesis, a Gran Manzana, tiene también Un Gran Corazón: I Love New York.

Arturo Cifuentes
Profesor adjunto, División de Finanzas y Economía, Columbia University e Investigador Asociado, Clapes UC.

Fuente: https://www.latercera.com/pulso/noticia/la-generosidad-nueva-york/453424/