Opinión: Lo bueno, lo malo y lo feo de la Comisión Bravo; hoy, lo bueno

"Es positivo que el informe no haya inventado la rueda y valore el sistema de capitalización individual, y lo mantenga (aunque sin una mayoría abrumadora), y fortalezca el pilar solidario".

  • miércoles, 23 de septiembre de 2015 00:00    
        
        

El informe tiene la noble y relevante misión de tratar de “arreglar la carga en el camino”. Se aprecia un trabajo serio, responsable y se valora que haya tenido múltiples miradas, las que, por supuesto, uno podrá estar o no de acuerdo, pero, otorgan una cierta objetividad a la tarea encomendada. Se hace referencia al “descontento respecto de la calidad de las pensiones, ya que luego de largos años de esfuerzo en el mercado laboral, los trabajadores ven cómo el nivel de pensión que reciben no se condice con sus expectativas, es decir, es muy bajo el monto de su pensión” (página 24). Por lo tanto, quiérase o no, se reconoce que el sistema entregó promesas implícitas; se habla de “aspirar a una vejez digna”.

Es positivo que el informe no haya inventado la rueda y valore el sistema de capitalización individual, y lo mantenga (aunque sin una mayoría abrumadora), y fortalezca el pilar solidario. Se aprovecha la instancia para entregar una serie de ideas, muchas de ellas no necesariamente implican un mayor gasto, que apuntan, por ejemplo, a hacer más eficientes los mecanismos de focalización, crear políticas activas de afiliación y cotización, modificar los límites de renta imponible, mejorar la fiscalización y cobranza, fomentar el ahorro previsional voluntario y mejorar la alfabetización financiera de los afiliados, entre otras. ¿Quién se puede oponer a ello?

En particular, destaco que es positivo que se extienda el proceso de licitación de cartera aparte de la cartera antigua (propuesta 29), crear una AFP estatal que compita con las mismas reglas del juego que el resto (propuesta 31), donde se reconoce que esta podría cobrar comisiones más cercanas a las de la AFP más barata, aunque faltó señalar el rol del avance tecnológico en las nuevas funciones de producción y cómo algunas normas actuales para crear una AFP impiden ser aún más eficientes en costos.

También es positivo que el informe haya señalado que la alta rentabilidad sobre el patrimonio de las administradoras (ROE promedio de 27% anual, exceptuando el 2008) es evidencia de la baja competencia en precio, y haya dicho claramente que el 8,6% anual de rentabilidad promedio (¿lineal?) de los fondos para el período 1981-2013 es una rentabilidad bruta, y que el indicador relevante para el afiliado es la TIR, una rentabilidad neta de comisiones, la que alcanza a un 3% anual (mujeres) y 3,1% anual (hombres) para los afiliados que han cotizado entre 1981 y 2009 (páginas 71 y 72). Muy bueno, aunque a mi juicio se debió dar un mayor énfasis, dada la relevancia: se ha vendido un producto que, sacando bien las cuentas, renta poco –¡y con riesgo!–, contrario a lo ampliamente difundido y publicitado. ¿Gato por liebre?

El texto contiene una buena radiografía con antecedentes valiosos para el análisis. Pero una buena radiografía no implica un buen diagnóstico. Y con un mal diagnóstico, la solucionática no tiene la efectividad que se requiere. Y aquí el informe, tal vez en parte por las limitaciones del encargo presidencial, tiene carencias conceptuales graves. Próximamente, lo malo y lo feo.

Iván Rojas Bravo

Fuente: El Mostrador